Cursar un año universitario en el extranjero te obliga a entrar en una rutina de constante inquietud, en una mentalidad obsesiva de aprovechamiento máximo de los recursos (el tiempo y el dinero) disponibles con el fin de verlo todo y hacerlo todo. No hay un instante que perder, todo pasa a un segundo plano con tal de viajar, asistir a acontecimientos, espectáculos o celebraciones, conocer gente nueva y experimentar todo aquello que sea típico o exclusivo del lugar en el que estás. A cada minuto que paso en Toronto, algo me retumba en la cabeza, recordándome que tengo que seguir descubriendo cosas, que nunca voy a poder abarcar todas las posibilidades y que siempre habrá alguna gran oportunidad que se me escape. Vivo en un estado de temporalidad permanente, suspendida en un año que no es sabático pero tampoco especialmente provechoso académicamente, haciendo planes a largo y a corto plazo a la vez, rehaciendo y cancelando planes, restando dinero y buscando el mínimo hueco en mi agenda para tachar sitios y actividades de mi lista de objetivos. El tiempo es oro y el oro hay que administrarlo bien, estirar el presupuesto y lograr que dé de sí tanto como mis propios planes.
Esa es mi vida en Canadá, que se verá interrumpida, exactamente, el 11 de Mayo. Dentro de 3 meses y 10 días, mi trasero de mal asiento volverá a su ciudad natal y se encontrará sin la independencia que tenía aquí y, lo que es más importantes, sin los recursos económicos necesarios para emular el estilo de vida del estudiante de intercambio, ya que los ingresos de la beca se habrán terminado para entonces.
Por si la idea de permanecer apalancada en Madrid la mayor parte del tiempo no fuera lo suficientemente preocupante, hemos de contar con el agravante que supondrá no tener obligaciones académicas durante más de cinco meses seguidos. ¿Qué hace uno en cinco meses de vacaciones de verano y con pocos recursos económicos? ¿Qué hace uno en cinco meses durante una crisis económica?
A riesgo de pasar cinco meses de vacaciones haciendo la vida ni-ni, he decidido emplear mi sagradísimo tiempo en las siguientes empresas:
- Estudiar japonés: desde hace un año he estudiado poco y especialmente desde que terminaron las clases de mi academia el curso pasado. Necesito retomarlo urgentemente y lo primero que haré al llegar a Madrid será unirme al grupo de mi nivel para darle un buen empujón al idioma.
- Mejorar mi alemán: como futura traductora, necesito una segunda lengua extranjera que sea capaz de entender. Es una inversión a largo plazo pero estrictamente necesaria, ya que este es el idioma que elegí como lengua “C” en la universidad. Dependiendo de la oferta que encuentre y de mis fondos económicos, tal vez me apunte a un curso intensivo en Madrid, y probablemente tome un curso de alemán en alguna ciudad alemana durante el verano, si mis santísimos padres me lo financian. Este plan probablemente se uniría a otro que consiste en hacer un viaje por Alemania con Cris.
- Sacarme el carnet de conducir: a pesar de ser torpe, lenta de reflejos y de fácil distracción, supongo que este va a ser el mejor momento para aprender a conducir. Tendré maś tiempo que nunca y así podré compensar el hecho de que me cueste prestar atención a demasiados factores a la vez y que tenga un miedo muy importante a conducir.
- Aprender a nadar: este es el más difícil de todos mis objetivos, ya que en Madrid no hay tanta oferta como en Toronto. Aquí la universidad tiene clases de natación desde el nivel más bajo, pero no será tan sencillo en España. Además, nadar por tu cuenta en piscinas públicas cuando claramente no sabes hacerlo es bastante humillante y el polideportivo de mi barrio presenta la desventaja de estar plagado de personas que me conocen de vista porque iban a mi colegio.
- Apuntarme a aerobic: de todos los deportes que he probado es el único que se me da bien y el que más me gusta con diferencia. Normalmente los horarios son incompatibles con los de mi clases de la universidad, pero durante 5 fantásticos meses podré elegir el horario que más me apetezca. Celebrémoslo.
- Dar clases particulares: es la mejor forma que tengo de ganar algo de dinerillo. Lo cierto es que la enseñanza no me disgusta y que no descarto la posibilidad de trabajar como profesora de español en el futuro (aunque combinaría esta profesión con la de traductora). Los últimos meses del curso escolar son un buen momento para encontrar alumnos que necesiten refuerzo de inglés.
- Conseguir algún trabajo temporal: ya sea haciendo encuestas en el aeropuerto, como antaño, o en algún otro puesto que encuentre. Siempre he dicho que me gustaría trabajar en un tienda para turistas porque me permitiría practicar la expresión y comprensión oral en varios idiomas.
- Traducir como voluntaria para alguna organización sin ánimo de lucro: o simplemente buscar algún tipo de voluntariado que me apetezca hacer, si es que consigo que me informen en el centro de voluntariado de mi comunidad autónoma.



